El Arkanoid, ese buen compañero de fatigas

Arkanoid dx ball

Cuando entre los años 2.009 y 2.015 me dediqué a escribir con el ordenador portátil en aquel oscuro local que anteriormente fue una droguería-mercería familiar, hubo numerosas ocasiones en las que me vi obligado a tomarme un respiro. Mis opciones eran limitadas. No tenía internet, ni quería. Tampoco había instalado juegos de gran calidad, pues de haberlo hecho, habría perdido el tiempo. Tan solo instalé unos cuantos, antiguos, muy conocidos, tales como el Space Invaders, Pongo, Pacman, y por supuesto, el mencionado “Arkanoid”, pero en su versión “Dx-Ball”. Fue este jueguecito el que usé, el 90 % de las veces que necesitaba hacer algo distinto a escribir. Los demás los usé poco.

Fueron unos buenos tiempos, llenos de esperanzas. También hubo momentos en los que escuchaba ruidos inquietantes ¿Espíritus? Vete a saber. Era un sonido fuerte, como si alguien diera un fuerte pisotón en el techo del escaparate de madera que tenía, justo a mi derecha, pero sonando muy cerca de la pared. Por suerte no los escuchaba más de tres veces. Sin embargo no era la primera vez, ni mucho menos, que soportaba ruidos extraños y por ese motivo no salí corriendo del lugar. Lo que sí me llamó la atención es que ese fue, durante mucho tiempo un lugar tranquilo. Al lado, pegado a la pared había una tienda de comestibles, también cerrada, pero desde hacía mucho más tiempo. Curiosamente, su inquilino falleció en esas fechas en las que me dedicaba a escribir. Recuerdo que cuando fui a su misa, me equivoqué de hora, y asistí a la de otra persona, por lo que acudí dos veces a la iglesia en ese día.

Sin embargo, un día el fluorescente dejó de funcionar. Ese era un problema, ya que el techo era alto, la escalera medía a lo justo, y cambiarlo era peligroso. A pesar del inconveniente, lo hice, pero no resultó. Lo que iba mal era la vieja reactancia, más complicada de poner, y sobre todo, de encontrar una de repuesto. La corriente era de 125 voltios, que ya no se usa en mi ciudad. El ordenador portátil no era problema, ya que su transformador se adaptaba a ese tipo de corriente. Las bombillas de 220 alumbraban muy mal. Dadas las circunstancias no tuve más remedio que irme. Ahora estoy en mi habitación, pero me distraigo con facilidad. En los viejos tiempos me concentraba, fácilmente, pese a internet. Sin embargo, la vida cambia, el entusiasmo decrece, y hay que usar la disciplina para no perder la inspiración. Hay otro lugar en el que me podría instalar, pero es estrecho y bastante incómodo. Es bajo una cuesta de garaje. En verano hace una calor terrible, y el teléfono móvil no capta la señal de llamada, la mayor parte de las veces. Ya veremos cómo me las apaño. Pero eso sí, que no falten el Word y el Arkanoid en mi ordenata. Bueno, ahora tengo dos versiones del Arkanoid, pues la última salía con las imágenes en blanco, por un error de instalación de un driver de pantalla, que por suerte solucioné.

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